MODERNA BUENOS AIRES

Arrese, Álvaro

1944 / 2016

Por Arq. Alberto Álvarez

Conocí al Pato en el ’74 en La Plata. Yo con 20 años recién cumplidos cursaba el 3° año de la Carrera  en la FAULP. Álvaro era Adjunto en el Taller de “Tito” Ramírez, junto con el Mono Caporossi y el Nolo Ferreyra entre otros queridos docentes. Me impactó ver su pasión por la Arquitectura. Sus correcciones amenas pero implacables dejaban poco margen para el capricho y obligaban a defender las decisiones de proyecto con fundamentos firmes. Ese fue un año fugaz e inolvidable. La cursada duró apenas un cuatrimestre y marcó mi vida para siempre. La muerte de Perón precipitó la subida de Isabel y la llegada de la “misión Ivanissevich”. Ottalagano como rector intervino la Universidad de La Plata y la mayoría de los profesores fueron forzados a irse. Allí le perdí el rastro. Yo terminé la carrera como pude. Eran los años de plomo y resultaba peligroso ser estudiante. El Pato en esa época se tuvo que escapar de La Plata y recaló en Buenos Aires “escondido en el estudio de Jujo y Javier”, a quienes por ese gesto les estuvo eternamente agradecido. Como solía contar en sus charlas de café “ellos le salvaron la vida”. Volví a saber de él a través de mis socios Néstor Otero y Roberto Paladino que por esos años colaboraron en el Estudio. De esa época eran sus infaltables anécdotas con Rafael Viñoly sobre el proyecto de la Televisora. Más adelante tuvo un breve contacto en “La Escuelita” donde pudo despuntar su vocación docente en la clandestinidad.
En el ’84 con la vuelta de la Democracia volvió a la Facultad como Adjunto de AII del Taller Solsona. Al año siguiente con mi estudio ganamos un premio en el Concurso de “20 ideas para Buenos Aires” y me lo encontré en la Expo de los trabajos que se hizo en lo subsuelos de las Galerías Pacifico. Estaba con Julio Pueyo y Daniel Betti, quienes serían sus primeros Adjuntos en la Cátedra de Arquitectura que acababa de ganar por Concurso y que abriría al año siguiente. Me contó que estaba armando su plantel docente y si me interesaba sumarme. Yo hacía un par de años que estaba haciendo mis primeros pasos en docencia de Diseño en La Plata. Sin dudar acepté. Abrió el Taller en marzo del ‘86 y estuve con él desde entonces. 
El Taller fue su lugar en el mundo. Creó un espacio de absoluta libertad y de profunda reflexión académica. Sus magistrales teóricas y sus correcciones reveladoras tuvieron una influencia definitiva en mi formación docente. Lo acompañaron como Adjuntos, en sucesivas etapas, Rubén Movia, “Pilucho” Marchetti , Carmen Córdova y Rodolfo Gassó. Junto con Luis Ferro, Beatriz Balseiro, Gonzalo Conte, “la Tana” Bourel y Alejandro Vázquez Nistico, entre otros, formamos parte de ese Plantel Docente inicial. Un Taller donde Odilia Suarez, “Kity” Galay, Heriberto Allende, Luis Ainstein eran invitados frecuentes a participar en las clases.

Por esos años la política Universitaria lo tuvo como un actor fundacional. Fue Director de la Carrera durante los Decanatos de “Manolo” y “la Negra”. Me invitó entonces a colaborar como su asistente en la Carrera. Armó y coordinó la Comisión que diseñó el Plan de Estudios aun hoy vigente. Ver y oír a Sánchez Gómez, Baliero, Solsona, Rivarola, Scarone, debatir sobre la enseñanza de la Arquitectura en esas jornadas resultó una experiencia formidable e irrepetible. En el ’94, en solidaridad con la salida forzada de Carmen del Decanato, renunció a su cargo. Ya en el llano soportó estoicamente la campaña de descrédito contra su persona y contra la Cátedra impulsada por cierto sector político. Lo único que consiguieron fue fortalecerlo.
Sostuvo entonces una intensa y silenciosa tarea de Investigación y Posgrado en la FADU en las áreas de Diseño y Urbanismo. Su proyecto de investigación “Arquitectura y Territorio” fue la base que alimentó a posteriori su Tesis Doctoral. Con orgullo formé parte de su equipo de investigación.
Cuando la Facultad luego de un largo periodo sin concursos volvió a hacer llamados, me alentó a presentarme. Primero al de Adjunto y después al de Profesor Titular. Sus sabios consejos y sus oportunas recomendaciones resultaron fundamentales para alcanzar el mérito al momento de dar mi oposición. El Taller a partir de haber ganado mi concurso de Titular pasó, por decisión de él, a llevar el nombre de ambos. Nunca me atreví a manifestarle mi agradecimiento por ese gesto aunque supongo que lo intuía.
La llegada del nuevo siglo lo encuentra en una nueva faceta de su vida profesional: la función pública. Fue designado Director General de Infraestructura en el Ministerio de Cultura de la CABA. Y entonces el Pato, a contramano de la típica organización burocrática municipal, sorprendió armando una oficina a imagen y semejanza de un Estudio de Arquitectura. Tenía la convicción que se podía hacer buena Arquitectura desde las áreas técnicas del Estado. Prestigiar lo público prestigiando de esta manera a sus integrantes era la idea. Convocó a los mejores profesionales y especialistas disponibles y les asignó responsabilidad sobre los edificios emblemáticos del Patrimonio Cultural de la Ciudad. Así surgieron los planes maestros para el Colón y el San Martín, la ampliación del Centro Cultural San Martin, la modernización de los teatros del CTBA y la recuperación del 25 de Mayo, los proyectos del MAMBA y del Centro Cultural Recoleta entre muchos otros. Coronó su gestión con la autoría del proyecto de la Usina del Arte, nuevo ícono de la Ciudad que, pocos lo saben, debe su existencia a la inclaudicable gestión que supo llevar adelante con Nación por el traspaso del predio. Prestigió la función pública con su compromiso, idoneidad e incorruptible honestidad que le valió el respeto de sus colegas.
Tuve el honor de acompañarlo en esa ardua y gratificante tarea. Fueron 7 años de intenso y febril trabajo donde cada proyecto se resolvía en equipo y del que él formaba parte como un integrante más. Nobleza obliga decir que no resultaba sencillo doblegarlo en una discusión sobre algún tema del que estuviera convencido. Obligaba a muñirse de argumentos muy sólidos para ello.

Por esos años obtuvo su Doctorado en Holanda, en Delf. Seguramente su logro personal más gratificante. Fue el Primer Doctorado de la FADU en una Universidad extranjera. Su Tesis sobre el borde costero de la Ciudad de Buenos Aires y la Ribera del Río de la Plata es impecable y fue luego publicada y traducida a varios idiomas. Este logro ratificó, por si hacía falta, su prestigio académico y lo posicionó como consultor obligado en temas urbanos. Se desprende de ello que la Sociedad Central y el CPAU lo tuviesen como integrante asiduo de sus comisiones urbanísticas.
Los últimos años los dedicó a escribir su libro tan deseado y prometido sobre la primera Modernidad. Una obra monumental que le llevó 5 años de intenso trabajo de investigación. Viajó mucho, y visitó obras de los maestros por toda Europa. A la vuelta de sus viajes, en la cátedra, alumnos y docentes disfrutábamos de sus teóricas inigualables. Lo publicó finalmente el año pasado. Ya estaba enfermo.
Hace poco más de un mes atrás viajó a Colombia, visitó la obra de Salmona y volvió entusiasmado con el proyecto de escribir un libro sobre la Modernidad en Latinoamérica. Hasta último momento puso de manifiesto su pasión por la Arquitectura. 
Durante todos estos años estuve acompañando su inmensa tarea. Me hizo partícipe de cada uno de sus proyectos. Confieso que me resultaba difícil seguirle el tren. Su energía era avasallante. Teníamos un gran respeto uno por el otro, a lo que yo sumaba mi profunda admiración. Pero creo que lo que más nos unía era la confianza, valor al que él otorgaba máxima importancia. Siempre fue generoso en la convocatoria  pero nunca complaciente. Nunca transó, y eso resultó también una lección de vida para todos lo que lo conocimos.
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Este año el Taller que él inicio cumple 30 años. Con el paso de los años el Plantel Docente se ha ido renovando y nutriendo de sucesivas generaciones de ex alumnos. Hoy de aquel staff original quedo solo yo (y Beatriz y Perucho que me brindan su apoyo), 
Mi  compromiso indeclinable con vos es seguir adelante. Te lo debo Pato. 
Hasta siempre.

Un agradecimiento a Claudio y a Juanjo y en nombre de ellos a todos los integrantes del Taller A+A por el apoyo y el compromiso.

Resumen publicado en Notas CPAU Nº 35, Diciembre 2016.