MODERNA BUENOS AIRES

15.09.2017

Plataforma Arquitectura | Guía de arquitectura moderna de Santiago: 20 obras que debes conocer

por Nicolás Valencia y María Francisca González

El movimiento moderno fue un actor clave en la construcción cultural de Chile en el siglo XX. Si bien sus primeras obras surgen en el ámbito privado, sus principios urbanos y paisajísticos fueron adoptados por el proyecto modernizador del Estado benefactor que comenzó a construirse tras los conflictos sociales que explotaron en los años veinte del siglo pasado.

En pleno proceso de industrialización del país, la producción habitacional del Estado incorporó conceptos como la habitabilidad, el acceso universal a la vivienda y la higiene, los cuales tempranamente se pusieron a prueba en la reconstrucción de ciudades como Chillán tras el terremoto de 1939. Asimismo, un país familiarizado con los terremotos implicó ajustar los conceptos del movimiento moderno a las exigencias estructurales nacionales, es decir, redimensionar las secciones de hormigón armado, lo cual les otorgó una expresión visual más pesada que en Brasil o Argentina.

Desde la osadía de Sergio Larraín García-Moreno y Jorge Arteaga en el edificio Oberpaur —el primero del movimiento moderno— hasta las visiones urbanas de BVCH en la Villa Portales o los primeros ejercicios en altura en sectores de clase media alta, el movimiento moderno dejó su huella en nuestra sociedad y nuestras ciudades. No obstante, solo una de las obras aquí presentadas está declarada como monumento histórico.

En esta edición de guías de arquitectura, les presentamos veinte obras ordenadas cronológicamente que reflejan la evolución del movimiento moderno en Santiago de Chile. Esto se complementa con fotografías exclusivas para este artículo, tomadas por María González y Manuel Albornoz.

Sus vanos horizontales completamente continuos y su planta libre demostraron la potencia del hormigón armado, convirtiéndolo en la primera obra del movimiento moderno en Chile. Sin embargo, la reacción de la sociedad no fue la esperada: en conversación con Teresa de Lima Campos y Humberto Eliash en 1982, Sergio Larraín recordaba: "A mí me insultaban en la calle, me decían «con la tradición que tú tienes, de haber tenido una buena educación, de haber estado en Europa, que traigas estas cosas espantosas aquí, de maquinismo»".

En 2015, Maximiano Atria, secretario general de Docomomo, advertía en la prensa nacional que "al no estar protegido, está sujeto a las decisiones de su propietario, en un lugar de alta plusvalía y donde ya se han comenzado a ver demoliciones para cosntruir torres de altura".

Durante la década de los años cincuenta, en el centro de Santiago los edificios se construían como un lleno, generando un único gran volumen, con patios de luz interiores y uniéndose con sus vecinos a través de fachada continua y una misma altura.

Un grupo de cinco arquitectos con estudios de posgrado en Estados Unidos recibieron el encargo de construir en un predio aledaño a la Plaza de Armas por parte del empresario Jorqe Sarquís. Los arquitectos —con frescas ideas tras sus años en Estados Unidos— "dedicaron un gran esfuerzo para convencer [a Jorge Sarquís] de aceptar un modelo distinto", como recuerda Armando Caroca en "Las huellas del tiempo. Entropía y Transformación en el Edificio Plaza de Armas de Santiago".

El Edificio Plaza de Armas se convirtió en el primer ejemplo de tipología torre-placa en Chile, replicando la lógica del volumen vertical residencial y la placa horizontal comercial.

Una de las más radicales propuestas formales a lo largo de la Alameda lo constituye este edificio cilíndrico, asegurando una independencia absoluta respecto a sus vecinos. Acompañada a nivel de primer piso por una placa comercial, la torre de 13 pisos (originalmente destinada a habitación) ocupa un lugar privilegiado en el centro, junto a la casa central de la Universidad de Chile y el palacio de La Moneda. Su singular figura sigue siendo un punto de referencia, y la simplicidad de su fachada de aluminio resiste con dignidad el paso del tiempo, a pesar de la profusión de cajas de aire acondicionado que la invaden.

Unidad Vecinal Exequiel González Cortés, más conocida como Villa Olímpica, fue construida entre 1960 y 1963 con motivo de la realización del la Copa Mundial de Fútbol de 1962. Esta´c ompuesta de 23 bloques de dos pisos, 32 bloques de cuatro pisos, 48 bloques de cinco y una torre de quince pisos para un total de 2.601 viviendas. Los bloques se disponen en macro manzanas conformando plazas centrales destinadas al esparcimiento.

Nueve pisos más tres subterráneos y un total de 252 estacionamientos. La fachada se trabaja con un módulo de hormigón prefabricado revestido en microcerámica color plomo. Puyta composicón plástica. El sistema constructivo es muy similar al de un tejido donde el punto se entrelaza para formar la tela, entrando y saliendo para producir el amarre, dándole cuerpo y espesor, que recorre verticalmente el edificio.

Surgido en 1952 como un proyecto de la Caja de Empleados Particulares para invertir sus excedentes en viviendas para sus imponentes, se convirtió en la primera unidad vecinal experimental de Santiago. Conocida popularmente como Villa Portales, el proyecto de 31 hectáreas consistía en grandes bloques de viviendas dispuestos paralela y perpendicularmente, que generaban grandes vacíos entre sí, como una manera abstracta de representar las manzanas tradicionales. Se propusieron 1.860 viviendas distribuidas en casas de uno o dos pisos, y departamentos simples y dúplex en edificios que van entre los cinco y siete pisos. La decisión de incluir casas se manejó como una estrategia para mediar la escala entre los grandes bloques y las áreas verdes, permitiéndoles además alcanzar las densidades requeridas.

Desde el punto de vista urbano, se propuso que los bloques y casas se posaran sobre una superficie verde que funcionara como la extensión horizontal del parque Quinta Nomal. Un cambio en la legislación durante el gobierno de Jorge Alessandri (1958-1964) limitó los recursos destinados a vivienda, lo que tradujo en la discontinuidad de pasarelas, problemas en la terminación de fachadas y la decisión de no construir una batería de equipamientos colectivos, que incluían oficinas, una pérgola comercial, un mercado, una escuela, una iglesia, un teatro y un casino.

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